Otaru sin nieve: viaje sin equipaje por Hokkaido
Viajes · Publicado 16/7/2024 ·
— espera, déjame respetar el orden original.
En este momento estoy tirando a una papelera del parque Odori, en Sapporo, la mochila gigante que había cargado hasta aquí. De entrada, odio bastante andar con algo grande encima… y resulta que en una mochila-bolso pequeña y ligera que compré el día anterior me cupo todo el equipaje de cinco días y cuatro noches, y aún sobraba sitio. Lo único que me preocupó al tirar la grande fue: ¿lo he sacado todo de dentro?

La ropa que llevaba puesta la lavaba en la lavadora el mismo día si tenía acceso a una; si no, la lavaba a mano, la dejaba secar lo máximo posible, la metía en una bolsa con cierre hermético y, tras el traslado, volvía a tenderla. De entrada elegí prendas técnicas de secado rápido, y en lugar de algodón opté por tejidos antibacterianos con lana. Lo único que eché de menos al volver fue lo de los calcetines: eran de algodón normal, y pienso que si hubiera llevado calcetines de lana quizá se habrían secado un poco más rápido.

Un dios… bueno, este personaje estaba en el pueblo termal.

Cerca del pueblo de aguas termales de Jozankei salen osos, así que hay que tener cuidado… aunque la verdad es que no tengo muy claro cómo se supone que hay que tener cuidado…

Esto es un poco de lo que vi el día que llegué a Otaru, tras el traslado. El día que llegué llovía y la temperatura era baja, así que ahí salgo con el cortavientos puesto… Hacía un tiempo perfecto para viajar.

Aunque dispares la foto de cualquier manera, parece sacada de una película de Makoto Shinkai. Todas las fotos las curraron… mi iPhone 14 Pro y el 15 Pro.

Otaru Tap Room… lo reservé por Airbnb, una casa de madera de más de 100 años…

Un sitio de lo más curioso: en la segunda planta lo habían desmontado todo dejando solo la estructura, y mantenían una única habitación para alojar gente.

La calle comercial… se veía antigua. Me dijeron que ese día cerraban temprano.

Un muñeco que había en el restaurante… no sé por qué, pero me recuerda a mí mismo. Un tío barrigón…

De este alojamiento la estructura lo es todo: es una casa antigua tan bonita y con tanto encanto.

La puerta de entrada… la cerradura con código era mecánica. Como no hay que cambiarle pilas, una cerradura mecánica no me pareció nada mal, la verdad.
El canal de Otaru…

Es un viaje sin apenas planificación, dejándome llevar por donde me apetecía. Como no tenía la obsesión de “tengo que llegar a tal sitio a tal hora”, iba mucho más tranquilo.
El canal de Otaru, donde, según dicen, también hay muchos festivales…
Y la calle principal de Otaru…

De repente, una casa de Snoopy que no venía a cuento…
Cerca de la torre del reloj, frente a la casa de las cajas de música…

Las cajas de música tenían un precio considerable, así que no compré ninguna; solo eché un vistazo.

Debajo de esos muñecos hay una caja de música que, al darle cuerda, suena.

Japón, un país al que de verdad le encantan los gatos…

Hasta una máquina con manómetro, de la que no entendí muy bien la función, la tenían medio incrustada en el suelo a modo de decoración, como en una zona en obras. El suelo y el techo son todo de madera. El edificio de la casa de cajas de música, visto desde fuera, parece formado por dos construcciones unidas; no sé si en su día abrieron el paso entre dos edificios distintos, pero se veía de estructura de madera maciza (chūmoku) y debía de tener bastante más de 100 años. Y aun así, con varias decenas o más de cien personas repartidas por dentro entre la primera y la segunda planta, solo crujía un poquito: el edificio se sentía sólido.

Cajitas de música pequeñas y monas.

Esas copas no son cajas de música ^^ Las saqué porque estaban tan bien hechas que me llamaron la atención.
Al salir de la casa de las cajas de música… compré un bentō en el supermercado del barrio. Pensé en buscar un banco o un sitio con buenas vistas para comérmelo, pero… no había bancos ni nada parecido, así que me senté en cualquier sitio razonable, directamente en el suelo.
Eso sí, un lugar con un paisaje estupendo.

Me senté de verdad en el suelo ^^

El bentō de sushi que venden en el súper… tiene una calidad buenísima. Y eso no llega ni a 8.000 wones.
Comí con calma y seguí mi camino. Recogiendo bien mi basura, por supuesto…
Crucé un puente por el que no pasaba ni un alma…

Y llegué a un canal pequeño que me hizo dudar: ¿este es el canal de verdad? Pues no, el de antes era el auténtico ^^
Por aquí…
Y por aquí también…
Edificios que seguramente se usaron como simples almacenes o fábricas estaban también, sin daños, bien conservados y mantenidos desde hace décadas. Tienen las marcas del tiempo, claro, pero no hay ni un solo ladrillo roto…

Me siento un rato a la sombra a descansar, vuelvo a caminar, y así una y otra vez.

En el aparcamiento junto al Museo del Ferrocarril de Otaru había un Escarabajo viejo y le saqué una foto. Está claro que alguien fue al museo conduciéndolo… y mira en qué estado de conservación tan bueno está.

Es verdad que el amigo que me sacó las fotos tiene muchísimo arte… pero es que dispares donde dispares parece una escena de animación. Y el tiempo acompañaba muchísimo.

Otaru sin nieve es así de apacible y cálida.

Por la noche me traje del supermercado Ralph la friolera de 50.000 wones en compras. Ese sake de pinta tan lujosa cuesta 20.000 wones. Si caminar no te supone molestia y el viaje es largo, también es muy bonito viajar paseando despacio, respirando el mismo aire que la gente de allí y compartiendo lo que ellos comen, el agua que beben y sus bebidas.
Gracias.
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