Verano en Sapporo y Otaru: onsen, ramen y sushi en Hokkaido

Viajes · Publicado 15/7/2024 ·

La torre de televisión, visible desde cualquier rincón de Sapporo. Hoy es mi tercer día aquí. Hacía un día espléndido y la lluvia que había caído hasta ayer por fin había parado. Incluso hacía calor…

La figurita que hay a media altura de la torre… qué mona… hasta lleva una flor puesta.

Como la noche anterior se me fue bastante la mano con la bebida, decidí curar la resaca con un buen ramen. Pedí algo que tiraba más a udon y, conclusión: estaba riquísimo. Pero ese maldito kimchi… sabía a algo aliñado con salsa picante de vinagre y rematado con wasabi, y de verdad… era un sabor al que no había manera de acostumbrarse.

Un caldo de carne fresquito de base, con un puntito picante.

Es una tienda de conveniencia dentro de la galería subterránea que conecta con el parque Odori… Cuando terminé de comer no encontraba dónde tirar el caldo y los restos, así que pregunté como pude, a trompicones, y el dependiente me cogió la basura encantado. En Japón, vayas donde vayas, la gente es tan amable que daba gusto.

De vuelta a la calle, de camino a la parada del autobús que iba a Jōzankei, nuestro destino de hoy… Al salir de comerme el ramen, hacía un día aún más bonito. Pero… perdimos el autobús directo, el que llevaba dibujado un kappa… así que cogimos un autobús urbano y, parando en cada estación… tardamos hora y media en llegar a Jōzankei. La resaca me subió con ganas y… uf… los autobuses japoneses serán muy grandes por fuera, pero no sé si por dentro tienen muchos asientos o qué, porque atrás el espacio entre filas era tan estrecho que se me clavaban las rodillas en el asiento de delante. Casi no había sitio para las piernas. Y los locales tampoco me parecían especialmente bajitos, no sé si simplemente aguantan en silencio… En fin, después de un buen rato rodando, nos bajamos del autobús.

El hotel de aguas termales al que queríamos… ir. Os lo cuento desde ya: abría a partir de las tres de la tarde. Nosotros preguntamos sobre la una. Al ver que éramos extranjeros y no nos defendíamos con el japonés, la persona que atendía en recepción llamó a otros dos o tres onsen para encontrarnos uno en el que pudiéramos entrar. De verdad, se lo agradecí muchísimo.

Daba la sensación de una zona donde mana agua termal sin parar y la habían urbanizado por completo, casi como un distrito propio. Las calles parecían antiguas, pero estaban limpias.

Google Maps es una app que da mucha tranquilidad. Sobre todo en el extranjero… Llegamos sin problema.

La entrada del ryokan al que fuimos… No nos alojamos, solo usamos el onsen. Uf… esa entrada todavía me sigue descolocando. Una máscara rara colgada y faroles a izquierda y derecha… Pero por dentro estaba todo impecable, y con algo tipo incienso encendido el cuerpo y la mente se relajaban del todo. Entre las explicaciones de la encargada, hasta pude oír cómo suena “zapatillas” en su versión original. Surippa~.

El onsen incluye un puente elevado que une dos edificios por el aire. No pude fotografiar otras zonas, así que esta es la vista del exterior desde el puente. De pequeño me vi una y otra vez el anime de Evangelion… y me sorprendió comprobar que ese paisaje rural, esas calles que parecen salidas de la serie, siguen existiendo tal cual. Mi primer baño termal al aire libre fue más que suficiente para quitarme el cansancio. Casi toda el agua viene a una temperatura ya regulada, pero pude tocar la que salía directamente del manantial: más de 100 grados. También olía a azufre… No sería un onsen de los mejores, pero aun así me dejó como nuevo.

[Onsen de Jōzankei

Japón 〒061-2303 Hokkaido, Sapporo, Minami Ward, Jōzankeionsennishi, 4-chōme, Jōzankei Yunomachi

](#)

Al salir, como aún quedaban unos cuarenta minutos para el autobús, decidimos picar algo.

Tarta de manzana y un helado soft… El helado había que comérselo nada más recibirlo, así que no tengo foto. Otra vez de vuelta a Sapporo… ¿otra vez? Cogimos el autobús urbano y nos pegamos otra hora y media de viaje. El “salimos~ ya” del conductor, en versión japonesa, tiene el tono y el volumen perfectos para quedarse dormido… La lluvia caía suavecita… y con el cuerpo entumecido y pesado…

Llovía… hacía frío… y yo, mal equipado, había llegado a Sapporo pensando que era verano: por la noche la temperatura baja a un solo dígito y se te ve el vaho, mientras que de día a veces sube hasta los 30 grados. Tendría que haber metido sí o sí ropa técnica y un cortavientos, pero como no lo hice, acabé comprándome uno. Hice el tax refund y aun así me dejé 300.000 wones, ains… El chaval que me atendió en la North Face del centro comercial de la estación de Sapporo fue amabilísimo, me recomendó muy bien la talla y además hablaba inglés con soltura. Durante todo el viaje no paré de sentir lo flojo que voy de inglés.

Compré el billete para ir hasta la estación de Otaru. En tren… ¿o metro? Llegas a Otaru recorriendo la línea que va pegada a la costa.

La plaza de delante de la estación de Otaru, donde dan la vuelta los coches. Un pueblo tranquilo… aunque dentro de lo que cabe está algo más urbanizado. Es una ciudad portuaria muy antigua y había muchísimos edificios de más de cien años.

Paisajes que parecen sacados de un cómic se te van apareciendo delante de los ojos.

La estación de Otaru, fotografiada mientras cruzaba la calle… La mayoría de las fotos que se ven son del invierno de Sapporo o de Otaru, pero yo os traigo el Otaru de pleno verano.

Las vías de un tren de vía estrecha que ya no se usa, pero que han convertido en parque…

Tras dejar el equipaje en el alojamiento, anduvimos dando vueltas en busca de un sitio para comer y acabamos entrando en un restaurante que un local, al pasar a nuestro lado, nos señaló diciendo “¡oishii yo~!”.

Nos sirvieron, todo muy pulcro, agua, una toallita húmeda y palillos.

No conseguí fotografiar el menú de sushi. Pedimos uno que rondaba los 1.500 yenes. De beber pedí Otaru, dos copas…

Estaba tan suave y tan bueno que quise volver a comprarlo en el súper, pero al final no pude.

Sake… el clásico nihonshu, vaya. Estaba bueno, suave y con una graduación que no era demasiado baja, perfecta para realzar el sabor de la comida.

El sushi de Otaru, que además es el escenario de Shōta no Sushi (El rey del sushi)… jejeje. Solo de pensarlo se me hace la boca agua. Lo recuerdo otra vez y ese sushi fue emocionante. El amigo que me acompañaba dijo que nunca había probado un sushi tan bueno.

Un curioso nigiri de tortilla…

La cosa es… que el sushi viene en raciones pequeñas. Que estés en Japón no significa que vendan el sushi al precio de un ramen. Hasta para los locales es caro, jejeje. Igual que aquí no podemos comer galbijjim todos los días por mucho que seamos coreanos… como mucho bibimbap o kimchi jjigae sí los comemos a diario, pero… en fin, lo asumimos: compramos unos cup noodles en el súper y nos los tomamos de segunda ronda en el alojamiento.

Japonés que no entendía ni papa… pero, como buen país del ramen, sorprendentemente todo se dejaba comer.

Un Airbnb que funciona en un edificio de unos 150 años reformado… Nosotros estábamos en la última planta y nos tocó una habitación arreglada de forma que se veía todo el interior del tejado a dos aguas. Una habitación para hasta cinco personas usada solo por dos: comodísimo.

A la mañana siguiente… un paisaje de barrio en el que de verdad parecía que el Eva-01 iba a salir corriendo a toda velocidad por la derecha… Pero… ¿hace calor? Si ayer pasé frío y me compré el cortavientos…?? Ains…

Una estampa de pueblo japonés cualquiera, con la arquitectura antigua conservada tal cual…

En casi ninguna calle se ve ni la típica colilla ni gravilla…

El canal de Otaru… Yo no sabía si ese era el canal principal o uno pequeño, así que pasé de largo pensando “ah, vale”… y lo que me enteré más tarde: ese era el canal principal.

Eso de ahí detrás es el Pacífico… Como está al este de nuestro país, ¡el mar del Este!

Es un canal, pero como le han traído agua de mar no olía apenas y estaba bastante bien.

Y… hacía calor… mucho… Por la mañana un ratito fresquito y… luego calor…

Lo fotografié porque el reflejo quedaba precioso. El canal de Otaru…

Y luego entramos en la vieja calle comercial… Todo lo que asocias con Otaru estaba reunido allí. La casa de las cajas de música y demás…

La entrada se me está alargando, así que lo dejo aquí y os cuento más en la próxima entrega…

Se ven muchos paisajes que, si los hubiera visitado hace unos 20 años, me habrían dejado con la boca abierta de admiración… pero ahora son estampas en las que nuestro país no solo ha alcanzado mucho terreno, sino que en bastantes aspectos hasta ha adelantado. Dicen que el Otaru de invierno es precioso… pero el Otaru de pleno verano también es un pueblo fresquito al que merece la pena escaparse para huir del calor.

Gracias.

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