Shokz OpenRun Pro 2: auriculares de conducción ósea para ir al trabajo en bici

Equipo · Publicado 11/6/2026 ·

Cotidiano

Después de comer, me senté al escritorio y, mientras juagaba distraídamente con algo que tenía en la mano… acabé haciendo unas cuantas fotos. Para un señor cuarentón que va y vuelve del trabajo en bici, unos auriculares de conducción ósea son una cosa más importante de lo que parece. Como no te tapan los oídos, oyes el coche que viene por detrás, el timbre del ciclista que te adelanta por el lado, todo. Ir por el carril bici del río Han con los oídos taponados y la música a tope… siendo sinceros, es un poco peligroso, ¿no? Hoy, en vez de una reseña pretenciosa sobre salir a rodar, me apetece contar con calma la historia de este cacharro naranja que tengo sobre la mesa.


El Shokz naranja, plantado sobre el escritorio

Naranja… al principio pensé que igual era un poco demasiado, pero al usarlo le acabé cogiendo cariño. Dejándolo así, sin más, sobre la alfombrilla gris del escritorio, el color cobra vida. Tiene forma de cinta de cuello, se apoya por detrás de la nuca, y resulta que eso no choca con la correa del casco de la bici, así que es perfecto para los trayectos al trabajo. Pesa poco, además, y cuando lo llevas puesto un buen rato dejas de notar que lo tienes encima. Para alguien al que le gusta ir ligero, esa levedad le suma muchos puntos de entrada.


El logo de SHOKZ, de perfil

Lo cogí con la mano y le hice una foto de perfil. La parte donde está estampado el logo blanco de SHOKZ es donde va el transductor de conducción ósea, que se apoya rozando ligeramente el hueso de delante de la oreja. Esa cosa que tanto se menciona en los anuncios… yo simplemente lo llamo conducción ósea. ¿Veis el pellejito levantado en el dedo? Ay, a esta edad hasta las manos se me ponen resecas, jajaja. En fin, puesto en la oreja de esta forma, el canal auditivo queda completamente abierto, así que mientras pedaleo me entran todos los sonidos de alrededor. Para quien va y viene del trabajo en bici, eso es lo realmente esencial.


Los botones y los sellos de certificación

Le di la vuelta y miré la parte de abajo. Arriba lleva el botón multifunción y el de volumen, y está repleto de sellos de certificación y del grabado del modelo. Marcas tipo CE, certificaciones de radiofrecuencia y cosas así… es una cara que normalmente nunca miras, pero viéndola así pienso, anda, qué bien hecho está esto. Los botones tienen el grosor justo para poder pulsarlos incluso con guantes. Para pasar de canción o bajar el volumen mientras ruedo, se dejan encontrar y pulsar a tientas bastante bien. Son detalles menores, pero para el uso diario al trabajo este tipo de cosas importan.


El conector de carga tipo C

Abrí el tapón de goma. Dentro está el conector de carga tipo C (USB-C). Antes había muchos productos que te obligaban a llevar un cable magnético propio, pero este usa el mismo tipo C que el móvil, así que te ahorras cargar con un cable más. Para quien va ligero, esto es una ventaja sorprendentemente grande. El tapón cierra a presión por el tema de la impermeabilidad, así que hay que levantarlo con la uña, uf. La batería aguanta varios días con una sola carga, así que aunque lo use para la ida y la vuelta al trabajo, me basta con enchufarlo una o dos veces por semana.


Levantando el tapón impermeable

Esta es la toma del tapón levantado con la uña. Esta pequeña lámina de goma es la que frena el sudor y la lluvia, y cuando vas en bici al trabajo a veces te pilla un chaparrón de repente, ¿verdad? En esos momentos, este simple tapón da una tranquilidad que no veas. Eso sí, si tengo que apuntar también las pegas con sinceridad… el tapón es pequeño y, si tienes las manos resbaladizas, cuesta abrirlo. Con guantes puestos, dalo por imposible. Lo mejor es dejarlo cargado en casa con tiempo.


El LED y, de nuevo, el perfil

Por último, hice una foto de cerca del pequeño LED indicador que hay junto al logo. Con esa lucecita te avisa del estado de carga o de emparejamiento, y normalmente es tan tenue que casi ni se ve. Se nota que han cuidado el diseño para que quede limpio. Y al tenerlo así en la mano dándole vueltas por aquí y por allá, al final la esencia de este cacharro se me resume en una sola línea: «la seguridad de llevar los oídos abiertos». El sonido no es tan contundente como el de unos auriculares de botón. Eso lo admito. Pero para volver vivo a casa por la carretera, no hay nada como esto.


A la hora de comer me puse a juguetear con unos auriculares cualquiera y me quedé un buen rato mirándolos. Al llegar a los cuarenta, más que las cosas caras y llamativas, le cojo cariño a esas cosas pequeñas y ligeras que cada día, en el camino al trabajo, me cuidan en silencio. Pedalear con los oídos abiertos al sonido del viento, de los coches, de la gente… pienso que quizá eso, en el trabajo o en la vida, sea lo mismo. Porque solo si no te tapas los oídos ves el peligro y, a la vez, te entra el paisaje. Hoy también me colgaré este cacharro naranja y pedalearé de vuelta a casa. Ay, a ver si meto un poco la barriga… jajaja.

Gracias.

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